Somos hijos del viento
como el viento
gris y verde en susurros derramado,
somos ese silbido silencioso
de una noche de abril entre los álamos.
Somos ese ciprés que silencioso
contempla los caminos desandados
y el castaño que besa con sus frutos
la tierra en que se esconden los pecados.
Somos la hierba fresca y somos ríos,
las rocas que en verdor se van mudando,
el reflejo del sol en los lagares
en las uvas y el gris de los patados.
Somos noches sin luna e infinito,
recuerdos que se pierden caminando,
somos hijos del viento y de la bruma,
somos semilla y somos blancos pájaros,
amigos que se esconden silenciosos
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